Cómo reconocer una promesa verde incompleta
Fronteras, compensaciones, porcentajes, etiquetas y preguntas que faltan.
Una frase puede ser cierta y aun así engañar
El truco casi nunca es mentir directamente; es elegir bien la frontera
La mayoría de las promesas ambientales problemáticas no son mentiras literales, sino afirmaciones técnicamente ciertas dentro de una frontera de análisis elegida deliberadamente para resultar favorable, sin que esa frontera se explicite con claridad. «Cero emisiones» quizá solo cubra la fase de uso del producto, dejando fuera toda la fabricación previa. «Cien por cien renovable» puede describir un contrato eléctrico anual agregado, aunque el consumo real de esa misma vivienda durante la noche dependa en la práctica de una mezcla eléctrica muy distinta, con generación fósil incluida, porque la red no puede almacenar y trasladar esa etiqueta anual hora a hora. «Reciclable» describe una posibilidad técnica del material, no demuestra que exista un sistema de recogida real que lo procese. «Fabricado con material reciclado» necesita siempre un porcentaje concreto y una pieza específica del producto: una etiqueta con esa frase puede ser perfectamente cierta refiriéndose a un componente menor del producto, mientras el resto sigue siendo material completamente virgen. Y «carbono neutral» puede depender, en la práctica, de compensaciones futuras todavía no verificadas, en lugar de una reducción física ya conseguida de las emisiones reales.
Tres preguntas que desmontan la mayoría de las afirmaciones ambiguas
Busca siempre la frontera exacta de la afirmación: ¿se refiere a un producto concreto, a toda una empresa, o a una actividad aislada dentro de ella? ¿Cubre un solo país o el mundo entero? ¿Se refiere a este año concreto o a toda la vida útil del producto? Busca después el denominador exacto sobre el que se calcula cualquier porcentaje de mejora citado: una reducción del 30 % por unidad producida puede convivir perfectamente, sin ninguna contradicción lógica, con una duplicación del número total de unidades vendidas, de modo que el impacto ambiental total termine siendo mayor que antes a pesar de la mejora porcentual citada. Y busca finalmente la referencia exacta de cualquier comparación: menos emisiones que qué modelo concreto, medido bajo qué prueba estandarizada específica, y verificado por quién exactamente.
Una etiqueta fiable siempre puede responder a las preguntas básicas
Una etiqueta ambiental genuinamente fiable declara con claridad su método de cálculo, su alcance exacto, el origen de los datos empleados, la fecha concreta de la medición, un rango de incertidumbre asociado al resultado, y quién ha certificado o verificado de forma independiente esa afirmación concreta. Una fotografía de una hoja verde en el envase, o palabras sueltas como «eco» o «natural» sin ninguna precisión adicional, no constituyen evidencia verificable de nada en absoluto. Al mismo tiempo, conviene no confundir todo error o toda imprecisión con fraude deliberado: las cadenas de suministro reales son complejas y cambian con el tiempo, y medir con precisión el impacto ambiental completo de un producto tiene su propio coste técnico y económico. La respuesta responsable ante un error genuino consiste en corregirlo abiertamente y publicar con claridad los límites reales de lo que se sabe, no en ocultar la imprecisión detrás de un lenguaje todavía más vago.
Cinco preguntas que caben perfectamente en el momento de una compra
Antes de aceptar sin más una promesa ambiental concreta, merece la pena preguntarse: ¿qué etapa exacta del ciclo de vida del producto incluye esta afirmación? ¿Qué impacto ambiental específico está midiendo realmente —carbono, agua, residuos, toxicidad—? ¿Cuál es exactamente la comparación implícita detrás de la afirmación? ¿Quién ha verificado de forma independiente ese dato concreto? ¿Y qué ocurre exactamente con el producto al final de su vida útil? Si la publicidad de un producto no permite responder con claridad a estas cinco preguntas básicas, lo más prudente es tratar esa promesa concreta como una afirmación incompleta a la espera de más información, no como una verdad ambiental total y verificada.
Cinco preguntas que caben en una compra
- ¿Qué etapa exacta del ciclo de vida incluye esta afirmación?
- ¿Qué impacto ambiental específico mide realmente —carbono, agua, residuos, toxicidad—?
- ¿Cuál es la comparación implícita detrás de la afirmación?
- ¿Quién ha verificado de forma independiente ese dato?
- ¿Qué ocurre con el producto al final de su vida útil?
Si la publicidad no permite responder con claridad a estas cinco preguntas, trata la promesa como incompleta, no como una verdad total.
No confundas imprecisión con fraude
Las cadenas de suministro son complejas y cambian; medir con precisión tiene su propio coste. La respuesta responsable ante un error genuino es corregirlo y publicar los límites reales de lo que se sabe, no ocultarlo detrás de un lenguaje todavía más vago.
Los números, con su origen
Más de la mitad de las afirmaciones ambientales analizadas en la UE eran vagas o infundadas
Un estudio de la Comisión Europea de 2020, que analizó una muestra de 150 afirmaciones ambientales usadas en productos de consumo, encontró que un 53,3 % de esas afirmaciones eran vagas, engañosas o carecían de fundamento suficiente, y que un 40 % no estaban respaldadas por ninguna evidencia verificable. Una revisión paralela de las autoridades nacionales de protección al consumidor concluyó, además, que en un 42 % de los casos analizados las afirmaciones podían considerarse exageradas, falsas o directamente engañosas, y podrían constituir una práctica comercial desleal según la normativa europea vigente.
Fuente: Comisión Europea — Screening of websites for 'greenwashing'.
Más del 90 % de los créditos de carbono forestal de un gran certificador, sin beneficio climático real
Una investigación conjunta de nueve meses realizada por The Guardian, el semanario alemán Die Zeit y la organización SourceMaterial concluyó que más del 90 % de los créditos de carbono forestal certificados por Verra, el mayor certificador mundial de este tipo de compensaciones, eran probablemente «créditos fantasma» sin ningún beneficio climático real verificable; un análisis más detallado encontró que el 94 % de los créditos analizados no tenían beneficio climático alguno, y que la amenaza real de deforestación sobre la que se basaban esos proyectos concretos había sido sobrestimada, de media, en aproximadamente un 400 %.
Fuentes: Carbon Brief — Revealed: more than 90% of rainforest carbon offsets are worthless; EcoWatch — 94% of Forest-Based Carbon Offsets Certified By Leading Global Provider Are 'Phantom Credits'.
Qué falta en esta tabla
Estas cifras describen la escala del problema en el mercado analizado, pero no permiten juzgar automáticamente un proyecto concreto de compensación de carbono: algunos proyectos individuales sí generan un beneficio climático real y verificable, y el propio certificador cuestionado ha rechazado públicamente la generalización directa de estos hallazgos a la totalidad de sus créditos emitidos.
Fuentes
- La Comisión Europea documenta el problema y propone soluciones en Green claims.
- La investigación conjunta de The Guardian, Die Zeit y SourceMaterial sobre los créditos de carbono forestal de Verra documenta un caso real y muy citado de compensación ambiental cuestionada.
- Carbon Brief resume la investigación y sus implicaciones en Revealed: more than 90% of rainforest carbon offsets are worthless.