La nube pesa
Centros de datos, redes y dispositivos convierten clics invisibles en demanda material y eléctrica.
Un clic cruza máquinas reales
La «nube» es una industria física distribuida
Cuando alguien envía un mensaje, hace una búsqueda o reproduce un vídeo, esa acción atraviesa una cadena entera de máquinas físicas concretas: el propio dispositivo, un router doméstico, antenas de telefonía móvil o líneas de fibra óptica, y finalmente uno o varios centros de datos que procesan la petición y devuelven la respuesta, a menudo generando además copias de seguridad redundantes por motivos de fiabilidad. Cada uno de esos eslabones consume electricidad de forma continua, no solo en el instante exacto en que se usa. Construir los servidores y los chips que hacen posible todo este proceso requiere, además, extraer minerales en minas repartidas por el mundo, fabricar esos componentes en plantas industriales de altísima pureza que consumen grandes cantidades de energía y agua, y mantener sistemas de refrigeración que evacuan de forma constante el calor generado por el propio procesamiento. Nada de esto es metafóricamente una «nube»: es una industria física distribuida por todo el planeta, tan real como cualquier fábrica.
No todo byte pesa lo mismo
Una cifra genérica del tipo «tantos gramos de CO2 por correo electrónico» o «tanta energía por búsqueda» puede sonar precisa, pero en realidad depende de un número tan grande de variables —el tipo de red utilizada, la eficiencia del dispositivo concreto, la eficiencia del centro de datos que procesa la petición, la carga total del sistema en ese momento, y la mezcla de fuentes de electricidad de la región que alimenta ese centro de datos— que cualquier cifra universal envejece con rapidez y suele ocultar los supuestos concretos sobre los que se calculó. Esto se ha visto de forma muy clara con las estimaciones de consumo de una consulta a un asistente de inteligencia artificial: cifras iniciales que sugerían un consumo diez veces mayor que una búsqueda convencional se basaban en comparar una estimación antigua y ya superada del coste de una búsqueda con una estimación más reciente y más completa del coste de una consulta de IA, exagerando artificialmente la diferencia real entre ambas.
El efecto rebote: más eficiente no siempre significa menos consumo total
Cuando una tecnología se vuelve más eficiente y, como consecuencia, más barata de usar, la reacción habitual no es mantener el mismo nivel de uso y ahorrar la diferencia, sino aprovechar esa mayor eficiencia para hacer muchas más operaciones de las que se hacían antes. Este fenómeno, conocido como efecto rebote, explica por qué la eficiencia técnica de los centros de datos y las redes ha mejorado de forma sostenida durante años mientras el consumo eléctrico total del sector seguía creciendo: la demanda total de servicios digitales —vídeo en alta resolución, videojuegos en la nube, consultas a sistemas de inteligencia artificial cada vez más potentes— ha crecido más deprisa que las mejoras de eficiencia técnica logradas en paralelo.
El fin de la vida útil de un dispositivo también cuenta
Cuando un teléfono, un ordenador o cualquier otro dispositivo electrónico deja de usarse, su historia no termina ahí: se convierte en residuo electrónico, una categoría de residuo que crece con rapidez en todo el mundo y que, en su mayor parte, todavía no se recoge ni se recicla de forma documentada y responsable. Ese residuo contiene tanto materiales valiosos que podrían recuperarse y reutilizarse como sustancias potencialmente contaminantes que, sin un tratamiento adecuado, pueden acabar filtrándose al suelo o al agua. Alargar la vida útil de un dispositivo mediante el uso cuidadoso, la reparación y la actualización de software, en lugar de sustituirlo de forma prematura, sigue siendo una de las decisiones individuales con mayor efecto real sobre el impacto material total de la tecnología digital, precisamente porque fabricar el dispositivo desde cero —extraer los minerales, fabricar los componentes, ensamblar el equipo— concentra una parte muy sustancial del coste ambiental total de su ciclo de vida completo.
Sobriedad digital útil
- Alarga la vida del teléfono y el ordenador; repara cuando sea razonable en vez de sustituir de forma prematura.
- Evita vídeo de máxima resolución en pantallas pequeñas si no aporta un servicio real perceptible.
- Elimina almacenamiento redundante y copias de seguridad duplicadas con criterio, no de forma compulsiva.
- Apaga equipos realmente ociosos, sin convertirlo en una ceremonia si vas a volver a usarlos en minutos.
- En organizaciones: medir la utilización real de los servidores, comprar electricidad limpia y reutilizar el calor residual de los centros de datos puede superar en efecto real a miles de gestos individuales simbólicos.
No sustituyas conservar hardware por borrar correos
Borrar correos antiguos o fotos duplicadas tiene un efecto real, pero modesto, sobre el consumo de almacenamiento; la fabricación del propio dispositivo suele concentrar una parte mucho mayor del coste ambiental total de su ciclo de vida. Úsalo bien, repáralo y consérvalo durante más tiempo antes de sustituirlo.
Los números, con su origen
Los centros de datos, en torno al 1,5 % de la electricidad mundial, y creciendo con rapidez
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los centros de datos consumieron en 2024 alrededor de 415 teravatios-hora, en torno al 1,5 % de toda la electricidad consumida en el mundo. Estados Unidos concentra el 45 % de ese consumo mundial, China el 25 % y Europa el 15 %. Ese consumo está creciendo a gran velocidad —un 17 % solo en 2025— empujado especialmente por la inteligencia artificial: los servidores dedicados a IA representaron el 24 % de la demanda eléctrica de servidores y el 15 % del consumo total de los centros de datos en 2024, y la AIE proyecta que el consumo mundial de los centros de datos se duplique hasta cerca de 945 teravatios-hora en 2030, aproximadamente un 3 % del consumo eléctrico mundial de ese año.
Fuentes: AIE — Energy and AI, resumen ejecutivo; AIE — Data centre electricity use surged in 2025.
Por qué la cifra «10 veces más que una búsqueda» estaba inflada
Estimaciones recientes independientes sitúan el consumo de una consulta típica a un asistente de inteligencia artificial entre 0,3 y 3 vatios-hora, muy por debajo de la cifra de referencia de 3 vatios-hora que circuló inicialmente y que asumía los modelos menos eficientes. La comparación «10 veces más que una búsqueda de Google» partía además de una estimación del coste de una búsqueda de 2009 (0,3 vatios-hora); estimaciones más recientes sitúan ese coste en torno a 0,04 vatios-hora, una mejora de casi diez veces que quedó fuera de la comparación original y que infló artificialmente la diferencia percibida.
Fuentes: Epoch AI — How much energy does ChatGPT use?; análisis independientes recogidos en engineeringprompts.substack.com y zmescience.com.
El residuo electrónico crece cinco veces más rápido que su reciclaje documentado
El Global E-waste Monitor 2024 estima que el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en 2022, un 82 % más que en 2010, y proyecta que esa cifra alcance los 82 millones de toneladas en 2030. Solo el 22,3 % de esa masa fue recogida y reciclada de forma documentada en 2022, un porcentaje que el propio informe prevé que descienda hasta el 20 % en 2030 si no cambian las tendencias actuales — el residuo electrónico está creciendo, literalmente, cinco veces más rápido que la capacidad documentada de reciclarlo.
Fuente: UNITAR — Global E-waste Monitor 2024.
Qué falta en esta tabla
Ninguna de estas cifras mundiales sustituye a evaluar un servicio digital concreto: la eficiencia de un centro de datos específico, la mezcla eléctrica de la región que lo alimenta y la carga real del sistema en el momento de uso cambian el resultado de un caso a otro mucho más de lo que cualquier promedio global puede capturar.
Fuentes
- La AIE analiza electricidad de centros de datos y redes y el consumo derivado de la inteligencia artificial en Energy and AI.
- La Unión Internacional de Telecomunicaciones trabaja sobre huella y circularidad digital.
- El Global E-waste Monitor documenta el fin de vida de equipos electrónicos a escala mundial.
- Epoch AI y otros análisis independientes revisan las estimaciones de consumo energético por consulta a sistemas de inteligencia artificial frente a una búsqueda convencional.