Fósiles — energía concentrada, coste disperso

Carbón, petróleo y gas desde el yacimiento hasta la atmósfera. Teoría, fórmulas, ejemplos resueltos y aplicaciones.

Millones de años, usados en minutos

Qué significa realmente «energía fósil»

Carbón, petróleo y gas natural son, en esencia, energía solar antigua transformada. Hace millones de años, organismos vivos —plantas, plancton, otros microorganismos— capturaron energía solar mediante fotosíntesis y la almacenaron en forma de carbono orgánico. Cuando esos organismos murieron y quedaron enterrados bajo capas sucesivas de sedimento, el calor y la presión geológica los transformaron lentamente en depósitos de carbono altamente concentrado: carbón si el material original era principalmente vegetal terrestre, petróleo y gas si era principalmente materia orgánica marina. Esa concentración —energía capturada durante millones de años, comprimida en un volumen pequeño— es exactamente lo que hizo posible la revolución industrial: máquinas de vapor, motores de combustión, calor industrial a gran escala y transporte masivo, todo alimentado por un combustible que se podía extraer, almacenar y transportar con relativa facilidad.

La misma concentración que da ventaja es la que causa el problema

Esa misma densidad energética es la razón de que quemar una masa relativamente pequeña de combustible fósil libere una cantidad de carbono que llevaba millones de años completamente fuera del ciclo natural del carbono en la atmósfera. La fotosíntesis y otros procesos naturales tardan escalas de tiempo geológicas en volver a fijar ese carbono; la actividad industrial lo libera en cuestión de segundos al quemarlo. Ese desajuste de escalas temporales —no ninguna propiedad "mala" del carbono en sí mismo— es la razón física de que el uso masivo de combustibles fósiles altere la composición de la atmósfera más deprisa de lo que los sistemas naturales pueden compensar.

Antes de la llama: minas, pozos y toda una logística

Antes de que cualquiera de los tres combustibles llegue a quemarse, existe una cadena logística extensa y con su propio coste ambiental: minas subterráneas o a cielo abierto para el carbón; perforación, a menudo a miles de metros de profundidad tanto en tierra como bajo el mar, para el petróleo y el gas; refinerías que transforman el crudo en productos utilizables; gasoductos, oleoductos, trenes y buques que transportan el combustible a menudo a través de continentes enteros. Cada eslabón de esa cadena tiene su propio riesgo de fuga o accidente: derrames de petróleo en tierra o en el mar, escapes de gas natural —principalmente metano— en pozos, compresores y tuberías, y polvo de carbón liberado durante el transporte.

Lo que queda después de la combustión

Quemar cualquiera de los tres combustibles libera CO₂ como producto principal, pero también contaminantes locales —partículas, óxidos de nitrógeno y de azufre, en proporciones distintas según el combustible—, calor residual que hay que evacuar en cualquier central térmica, y en el caso del carbón, cenizas sólidas en cantidades muy superiores a las de cualquier otra tecnología de generación. En el caso específico del gas natural, el propio metano no quemado que se escapa antes de llegar al punto de combustión —durante la extracción, el procesado o el transporte— importa tanto o más que el CO₂ de la combustión final, porque el metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente mientras permanece en la atmósfera, aunque se descompone más rápido que el CO₂.

La ventaja operativa que explica por qué siguen dominando

Los combustibles fósiles se almacenan y se transportan con una facilidad que ninguna otra fuente de energía primaria iguala del todo: se pueden apilar en un almacén, cargar en un buque, o mantener en un depósito durante meses sin degradarse de forma significativa, lo que permite generar electricidad o calor exactamente cuando se necesita, sin depender del clima ni de la disponibilidad instantánea del recurso. Esa misma ventaja operativa tiene su contrapartida sistémica: un suministro continuo de combustible que hay que seguir extrayendo, comprando y quemando de forma indefinida, con exposición directa a la volatilidad de los precios internacionales, a la contaminación local que causa, y a una acumulación climática que no se detiene mientras se sigan quemando a este ritmo.

«Más limpio» no significa limpio

El gas suele emitir menos CO₂ en la central que el carbón por unidad eléctrica, pero el resultado depende del rendimiento y de las fugas. Sustituir carbón muy contaminante puede reducir daño; construir infraestructura fósil para décadas puede bloquear alternativas.

La prudencia prioriza eficiencia, electrificación cuando reduce el ciclo completo, control estricto de metano y retirada de las instalaciones más contaminantes. Para usos industriales difíciles, compara también calor renovable, electricidad, hidrógeno bajo en carbono y reducción material.

Los números, con su origen

Los tres fósiles, uno al lado del otro

CombustibleCO₂eq de ciclo de vida (g/kWh)Muertes por TWhRasgo distintivo
Carbón~820 (740–910)~25El más sucio por unidad de energía en toda medida: carbono, partículas, mercurio y otros metales pesados.
Petróleo~650–750~18La mayor parte de sus emisiones y muertes no vienen de generar electricidad, sino del transporte por carretera y aéreo.
Gas natural (ciclo combinado)~490 (410–650)~2,8Menos CO₂ y contaminación local en la central, pero el metano fugado antes de quemarlo es un gas de efecto invernadero muy potente.

Fuentes: NREL — Life Cycle Assessment Harmonization; Our World in Data — Safest and cleanest sources of energy.

El coste sanitario que no aparece en la factura

La Organización Mundial de la Salud estima que la contaminación del aire —ambiental y doméstica combinadas, con la combustión de fósiles y biomasa como principales causas— está asociada a unos 7 millones de muertes prematuras al año en todo el mundo. Esa cifra no distingue entre generar electricidad, calentar una casa o mover un vehículo: es el efecto acumulado de quemar carbono e hidrocarburos cerca de donde vive la gente, y es la razón por la que «muertes por TWh» de carbón y petróleo son órdenes de magnitud más altas que las de cualquier fuente baja en carbono.

Fuente: OMS — Air pollution.

Por qué «menos que carbón» no es lo mismo que «bajo en carbono»

Sustituir una central de carbón por una de gas de ciclo combinado reduce el CO₂ de combustión directa a poco menos de la mitad, pero ese ahorro puede desaparecer si las fugas de metano en la extracción y el transporte no se controlan: el metano calienta la atmósfera muchas veces más que el CO₂ mientras permanece en ella (unas 20-30 veces más a 100 años, más de 80 veces más a 20 años). La hoja de gas natural desarrolla esa cuenta con la tasa de fuga medida por la AIE.

Qué falta en esta tabla

Ninguna de estas cifras incluye el coste de restaurar minas, sellar pozos abandonados o gestionar cenizas y lodos de central una vez cerrada la instalación — costes que rara vez recae sobre quien se benefició de la energía barata mientras se produjo.

Fuentes